Vigorexia. Cuando el ejercicio es un trastorno.

La vigorexia es un triste trastorno de que sufren los fisicoculturistas y que es aplicable a otros atletas sean o no de alto rendimiento. Para quien sufre de esta perturbación, su éxito se mide intrínsecamente en tener la mejor apariencia que se pueda lograr. Además, el deportista siente un gran cargo de consciencia si llegara a faltar a su entrenamiento, incluso cuando ir a hacerlo, pone en riesgo su salud.

Existen diversos niveles de vigorexia. Como ejemplo, tenemos a la chica que hace 2 horas seguidas de zumba y regresa a casa satisfecha de su ejercicio, pero se alimenta menos de lo que debiera pues cree que estaría echando a perder esas 2 horas invertidas al comer alimentos que considera la engordarían.

Está también el fisicoculturista que no tolera que los días feriados el gym esté cerrado y por ende termina haciendo todo lo posible para ejercitarse en su casa levantando las pesas que compró para cuando esto sucediera. Incluso, puede pedirle al dueño las llaves del gym solo para ir él a ejercitarse.

Y en tu caso ¿Te irritas cuando no puedes ir al gym, te duele la consciencia, pero sobrevives? Quizá eres un dependiente asintomático del ejercicio.

Caso contrario, los dependientes sintomáticos son quienes se se dedican enteramente al fisicoculturismo como carrera de vida y no tienen espacio para nada más que su cuerpo y sus músculos.

 

Aun cuando no sufras de este trastorno, sería bueno preguntarte:

  • Cuando ocurre un evento que me impide ir a gym, digamos el funeral de un conocido, ¿me irrito a pesar de estar justificado el no entrenar?
  • ¿Mido meticulosamente lo que como y lo que ejercito y a pesar de eso, no logro resultados que me hagan estar satisfecho?
  • ¿Mi vida social no virtual está afectada, estoy aislado y rara vez salgo a convivir?

Si contestaste que sí a al menos una de esas preguntas, recuerda que el ejercicio debe hacerte sentir feliz y satisfecho, no triste y miserable. Sal a pasear, pon días de no ejercicio y de vez en cuando cómete eso que se te antoja. ¡Te lo mereces!

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