Ejercicio embarazada. Natación

Me ejercitaba vigorosamente. Ahora me ejercito embarazada.

Me gusta nadar y lo hago por salud física y emocional. Aunque no soy una profesional y aprendí de unos 23 años, el agua y yo somos una. Rara vez falto a “entrenar”, quizá cuando el beneficio de quedarme en casa es mayor que el de darme un chapuzón.

Comencé mi embarazo nadando mi rutina normal de 1300 hasta 2300 metros en una hora. Rápido me di cuenta que no iba a ser así todo el tiempo. Dejé casi luego, luego de nadar de mariposa y pecho para básicamente ir de estilo libre y dorso. También dejé de clavarme, bajando ahora por la escalera.

Después enfermé de una fuerte faringoamigdalitis y mi médico me prohibió nadar hasta la llegada de la primavera. El frío del invierno y precaución fue lo que él me argumentó.

Triste pensaba en cómo mi cuerpo perdería su fortaleza física lograda con una buena dieta y ejercicio a lo largo de 10 años. Después leí sobre la vigorexia (clic aquí si deseas saber qué es la vigorexia) y aunque disto mucho de sufrir un trastorno así, decidí activamente no sentirme mal por las limitaciones sanas que el embarazo me impondría para no arriesgar ni a mi bebé ni a mí, al ejercitarme de manera excesiva.

Hoy, con 5 mesesitos de tener a mi hijo en mi panza, el agua, él y yo, seguimos siendo uno. Nado relajantemente, dejé de llevar aletas y paletas a la alberca y si deseo salirme del agua 10 o 20 minutos antes porque así me lo pide mi cuerpo, pues me salgo. Disfruto mucho seguir nadando y seguro que pasado el tiempo necesario, retomaré mis rutinas para seguir ejercitándome sanamente.

Y tú, ¿Cómo cambiaste tu rutina en el embarazo?

 

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